Aprendizajes formal y no formal, de los LMS a los MOOC

Seguimos a cuestas con los MOOC, cursos masivos on-line abiertos de aprendizaje no formal (me gusta más que informal). Por cierto, ¿la diferencia entre el aprendizaje formal y el no formal está solamente en la acreditación? ¿cuando se acrediten los MOOC se convertirán en aprendizaje formal? No está mal la pregunta para comenzar, ahí la dejo en el aire. Lo que quería reflexionar en esta entrada es sobre las similitudes y diferencias, sobre las ventajas e inconvenientes entre los MOOC y los cursos no masivos on-line cerrados en plataformas de gestión del aprendizaje (LMS), sin ánimo de realizar un juicio de cuál es mejor porque, ya adelanto, los dos son necesarios y deben coexistir, utilizando cada uno de estos tipos de cursos según el objetivo que se pretenda alcanzar con los estudiantes. Lo que viene a continuación es, obviamente, mi opinión personal con sus fallos y aciertos, y los párrafos no siguen ningún orden de importancia porque no sería capaz de realizar tal jerarquización, es más, creo que no se debería ni siquiera intentar.

En primer lugar, hablemos de accesibilidad. Pues sí señor, cualquier curso on-line debe cumplir la mínima normativa exigible para asegurar la accesibilidad Web del mismo tanto desde el punto de vista del dispositivo utilizado para su acceso como desde el punto de vista de las discapacidades físicas de los estudiantes. Este requisito es innegociable tanto si el curso es cerrado y no masivo como si es abierto y masivo (por eso decía que me gustaba más el adjetivo de no formal que el de informal).

Otro requisito que deben cumplir los dos tipos de aprendizaje es el de asegurar que cualquier estudiante matriculado en el curso puede acceder a él sin que la tecnología sea una traba. En un curso cerrado, donde podemos controlar a nuestros estudiantes, esto es más sencillo de asegurar, sin embargo, en un curso masivo y abierto se hace realmente difícil cuando no imposible. Efectivamente, todavía hay muchas partes del mundo con regiones que tienen grandes problemas de conectividad. Esto se une a la posible falta de formación en TIC, así como de infraestructuras que la facilite, con lo que la democratización del conocimiento queda restringida.

Una de las ventajas que veo de los MOOC sobre el aprendizaje formal es que resultan más ágiles para ofertar lo que la sociedad demanda en cada instante, frente a la mayor rigidez y duración en el tiempo a la hora de realizar cambios en las titulaciones de la docencia formal, a pesar de que el EEES nos ha traído una mayor flexibilidad a la hora de realizar modificaciones en las memorias de verificación de los nuevos grados, aunque cambios de mayor calado todavía se dilatan en el tiempo (esto también tiene su lado positivo ya que se debe asegurar una cierta coherencia y justificación en los grandes cambios).

En mi opinión, el escenario en el que se puede sacar más provecho de los MOOC es en el del aprendizaje a lo largo de la vida, en el mundo empresarial donde el “estudiante” deberá demostrar en su empresa que sabe aplicar el conocimiento que ha construido a través de ese curso, más allá de certificaciones en papel. Además, ese público ya posee unas ciertas competencias transversales adquiridas o bien durante su etapa universitaria o bien en su etapa profesional o en ambas (autonomía de trabajo, capacidad de análisis crítico, de síntesis, de trabajo en equipo, de toma de decisiones…). En cuanto a la educación universitaria de grado, no veo a mis alumnos de primer curso con esas competencias que creo se necesitan para seguir un curso de estas características, sin tutela académica ni soporte técnico para posibles problemas tecnológicos, por citar dos de los grandes inconvenientes que pueden surgir.

En ese sentido, no podemos intentar comparar los MOOC con la docencia virtual por medio de LMS. En este caso existe una relación estrecha entre los estudiantes y los profesores o tutores del curso por medio de herramientas que en un MOOC difícilmente se podrían atender (por el número de alumnos inscritos): tutoría, videoconferencia, evaluación, feedback grupal o individualizado, correo electrónico, foros… Alguien dirá que en los MOOC también hay foros, pero la gestión de los mismos es inviable que lo haga una sola persona, más bien los alumnos son los que se autorregulan y siguen los hilos de debate que les pueden interesar, sabiendo discernir lo que les interesa de lo que no (competencia transversal).

Otra diferencia, debida al control que se puede ejercer en uno u otro estilo de aprendizaje, es poder analizar la tasa de abandono de los alumnos inscritos frente a los que terminan el curso. En los LMS cerrados la propia interacción profesor-alumno posibilita ese conocimiento, pudiendo poner remedio sobre la marcha de modo que el abandono se minimice. En los MOOC, se están detectando niveles de abandono muy altos, debido muchas veces a factores externos al curso en sí mismo y, por tanto, incontrolables. Seguramente, uno de estos factores puede ser el de matricularse porque el curso parece interesante o porque está de moda, ¡total cómo es gratis!, sin tener clara la necesidad de realizar ese curso, por lo que decae el interés y el esfuerzo que supone su realización (de nuevo competencias transversales).

De una forma objetiva, entre las ventajas que presentan los MOOC sobre los LMS de cara al estudiante (que destacan tanto los expertos como las personas que los han probado) podemos mencionar la posibilidad de conocer gente con tus mismos intereses de forma que surjan contactos para el futuro, acceder a un material de calidad a coste cero o reducido, mejorar el conocimiento, fomentar la colaboración entre iguales y el aprendizaje de unos de los otros (participación entre pares). En relación a la institución que propone el curso, la posibilidad de atraer un masivo número de estudiantes, potenciar el marketing que fomente la marca de la institución o la posibilidad de obtener ingresos de empresas que deseen disponer de una base de datos donde poder reclutar trabajadores.

En cuanto a los inconvenientes, en mi opinión el mayor de ellos radica en la certificación para los estudiantes, ¿quién certifica la calidad de los MOOC?, ¿cómo se evalúa la construcción del conocimiento?, ¿cómo se asegura la credibilidad del conocimiento y las habilidades adquiridas? Además, podemos señalar la difícil (cuando no ausente) tutorización del proceso de aprendizaje, la necesidad de mayor motivación de los participantes o la gestión de los foros. El proceso de enseñanza debe ir más allá de dejar buenos apuntes y material audiovisual, que es uno de los riesgos que pueden tener los MOOC.

Obviamente, muchas de estas ventajas e inconvenientes se dan la vuelta cuando cambiamos un MOOC por un LMS. El futuro de los MOOC es incierto, ahora están en la cresta de la ola pero depende de como sean capaces de desarrollarse, de evolucionar y de gestionarse para que el hueco inmenso que se han abierto en poco tiempo no se cierre igual de rápido. Algo tendrán que mejorar ya que hoy por hoy es difícil conseguir que el mercado laboral incorpore a personas con formación difícilmente comprobable. Además, hay que ser conscientes de que el hecho de que sean abiertos no significa que sean completamente gratuitos, ya que las instituciones que los ofrecen deben invertir en ellos y esperan recuperar esa inversión.

Para terminar, la conclusión que adelantaba al principio es que ambas formas de aprendizaje, formal y no formal, pueden convivir perfectamente, es más, deberían complementarse, llegando una a donde la otra no lo hace, pero sin la pretensión de que una sustituya a la otra (cosa que en este país somos muy dados a realizar, enterrar al muerto antes de que sea cadáver). Por tanto, tengamos paciencia (otra cualidad poco común) y sentido común (el menos común de todos los sentidos) para utilizar cada uno de estos aprendizajes en el contexto adecuado, ya que no olvidemos nuestra responsabilidad como docentes para nuestros alumnos.

@jlalejan